Sentados, uno frente al otro. Ocultados sus rostros tras una fría capucha blanca. Se ven, pero no se miran. Creen tener al otro delante, pero no saben que realmente está ahí. Dos burbujas pensantes reposan sobre los pilares que las sustentan. Aquello que las sujeta es frágil, parece como si fuera a caerse en cualquier momento. Ocultan su identidad tras un fino muro de tela. Son tan diferentes y tan semejantes a la vez... La esencia de la contradicción se respira en el espacio que los separa. Tienen miedo. Murmullan sus pensamientos sin producir sonido alguno. ¿Telepatía? me pregunto. Tienen miedo, lo presiento. El otro les impone respeto, un respeto sustentado en la pura sensación de soledad. ¿Y si descubro mi ser? ¿Y si no le gusta cómo soy? Me quedaré solo. Veo claramente sus pensamientos. Miles de heridas se han abierto en su mente. De su boca van surgiendo las razones de sus males. Ascienden hilos de éter cielo arriba como si del líquido de las lámparas de aceite se tratase: sinuoso, incluso sensualmente atractivo. Quiero tomar aquello para mí, sería una pena perderlo, pero se me escapa entre los dedos. Me siento inútil al ver como se deshacen años de bonitos sentimientos, de anhelos y de conquistas.
Un fino hilo blanquecino es el primero en salir. La inocencia se quemó con los leños de la infancia. Sus mentes pierden vida. Notan que mueren. Como el moho de mis libros, esos con cientos de años que guardo en titánicas estanterías. Verde es el color ahora. El equilibrio se pierde. No hay espíritu que valga, ni del bosque ni de Gea. Tiembla el vigoroso mundo cuando la esperanza se desvanece poco a poco. ¡O no! Esto empieza a ser ya grave. La energía que nos mueve se transforma en mera nada. Ya no habrá más atardeceres de naranjas llamativos. Ya no habrá vida humana porque ¿quién nos moverá ahora? ¿Vivimos en este mundo o ya no queda mundo alguno? Miro a mi alrededor... sólo están ellos. La verdad se está perdiendo en forma de un añil puro. Puro como la verdad que tanto buscamos y no alcanzamos a conseguir nunca. Resulta desagradable el color negro. Lo veo ascender y eclipsa a los demás colores. Se los come. Debe tener tanta hambre... La muerte se va con él y el silencio va a su vera. ¿Una vida eterna? No gracias. Creo que no estoy preparado para asistir a la autodestrucción del mundo, del ser humano. No podría ver como se acaban las vidas de aquellos a quienes más amo. Sería un dolor tan insoportable...
Estoy perdiendo a dos seres frente a mis ojos. Veo que se desmoronan. No sé como recuperarlos y deben estar a punto de esfumarse... ¡Estúpidos intransigentes! Os encerrasteis en vuestro cerco sin dirigiros mirada alguna. Vosotros que juntos andaríais mil caminos. Teméis que el otro os vea como sois y os rechace. Se ha rasgado mi corazón y se ha abierto una brecha profunda. Sangra de verdad. Es un rojo que mancha mis manos y poco a poco tiñe todo mi cuerpo. Las lágrimas oscurecen mis ojos claros. Cada vez veo peor. Se que mi vida toca su fin pero no quiero irme sin darles nada. "Tomad mi vitalidad, mi poder y mi valor e intentad con él resurgir de estas cenizas". Gotea la sangre sobre sus rostros y llegan a sus finos labios. "No dejéis que una cortina de humo os impida una vida unidos". Caigo al suelo. Débil, muy débil. El amarillo hace acto de presencia. Es síntoma de que la razón se está perdiendo. La inteligencia de antaño y el espíritu del sabio mueren. El azul fluye a su lado. Adiós sinceros humanos, lo vais a perder completamente todo.
Ambos colores se entrelazan. Parecen combinar bien pero les falta algo. ¿Qué puede ser? Unas gotas de mi sangre completan la fórmula mágica. La razón y la inteligencia; la verdad y la sinceridad; la vitalidad y el apasionamiento... Ambos seres se destapan. Ya no hay miedo al otro. Más miedo les da el fin. Se funden en un beso que los hace uno, que los convierte en humanos. Han mezclado sus esencias, complementando sus almas. Se han unido los tres pilares. Hay un destello blanco y puro, casi divino. La virginidad de un nuevo mundo lo ha hecho perfecto, pero también incierto y hay que montarlo de cero.
Juntos, hacemos bella la vida. Solos, nos desvanecemos.
miércoles, 9 de abril de 2008
El albor de la tricromía
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domingo, 6 de abril de 2008
Ver sin ojos
Suena una campana... La verdad que no sé el origen de ese milagro auditivo. Quizá sea una boda, o tal vez las hagan sonar para disimular el llanto de un pobre niño a remojo. No puede ser... la melodía es triste, melancólica y es ya muy tarde. Toda la felicidad del mundo parece haber desaparecido de mi ser en dos segundos. Suena lento, parece un paso fúnebre. A cada paso que doy, suena más fuerte. ¡Es como si me persiguiera! Mis ojos, a pesar de captar bien la luz por ser claros, no sirven de nada. Ya es de noche y la espesa niebla no me deja ver la luna. No hay luz que percibir. Las inertes farolas parecen tallos helados de un rosal recién plantado. Blancas... moribundas... Me dirijo calle arriba hacia el sonido que guía mis pasos. Hace frío. Prefiero cerrar los ojos y continuar andando a pesar del peligro que conlleva. ¿Quién puede pasar a mi lado? Cientos de peligros acechan en estas calles, pero prefiero no pensar... En un esfuerzo por comprender los sonidos la oigo. Me dice que vaya, que me aleje de los malos rumbos y continue hasta ella. El sonido es ahora mucho más fuerte. Suena a mi diestra. No voy a abrir lo ojos, no aún, porque no sirve de nada. Extiendo el brazo hasta que mis delicadas manos palpan un herraje oxidado. Está helado, parece haber encontrado su conexión con el mundo a pesar de no estar vivo. Noto también la madera de lo que pudo ser un gran árbol. Es una puerta, agrietada por el tiempo, que guarda un antiguo y olvidado lugar. La negligencia humana acabará por destruir lo poco que queda de un árbol que nos prestó sus servicios. Perdido está ya el respeto por el espíritu de Gea. Me lanzo hacia el interior de un vacío perceptible. Me siento extraño... Impávido vuelvo las palmas de las manos hacia arriba, no existe el miedo en mí. Dos manos caen sobre las mías suavemente, como dos mariposas posándose en sus flores preferidas. Son cálidas. Es un calor que se extiende a todo mi ser. Estoy ansioso por abrir los ojos. Sigo viendo todo negro. Una de las mariposas ha abandonado su flor para posarse en mi cara. Cubre mis ojos... Me siento débil, confuso, hay alguien que me priva de conocer la realidad. El badajo de bronce ya no tañe la campana, la melodía ha cesado y ya no expresa nada. El susurro de una dulce voz me exhorta completamente: "Deja de temer por no ver las cosas cuando no es preciso verlas. Percibe la realidad con tu corazón y tu caletre. ¡Despierta a esos dos aletargados! Aprende a querer y sentir con ambos, porque el amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro" (Friedrich Nietzsche).
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Cuando algo comienza
viernes, 4 de abril de 2008
Comienzo trémulo
Tiembla la llama del candil desvencijado. El fuego prende la cera que ilumina mi pasado. Conmigo viaja la historia, que está abocada al olvido, en el vagón del tiempo. Los libros de mi alrededor recogen las historias de aquellos que aceptan la celeridad impuesta por cronos. ¡¿Páginas vacías!? Algo muere... No hay memoria, no hay criterio, no hay relatos de los hombres... Me dirijo a la penumbra por este camino incierto. He perdido media vida en solo buscar palabras, pero no encuentro ninguna que desvele cuanto pienso. La particularidad exclusa y las mentes abstraídas hacia una masa inerte; lo que hacía al hombre, humano, parece haberle abandonado. Miro a través de mis ojos... no distingo nada. Veo a través de mi mente... "La razón moribunda". Decido bajarme en esta estación sombría, tan llena de nada como vacía de todo. Un banco de fríos hierros esperaba mi llegada. Nos sentamos a la vez pero no te había visto llegar, has aparecido de pronto. Los ojos azules y negros tropezaron al instante. ¡STOP!, la aguja ya no avanza. Intensas son las miradas y profundo su objetivo, la razón humana. Al traste con el destino, disfrutemos el trayecto. El trayecto de nuestra pluma por estas páginas en blanco. Inundemos de tinta este mar que es nuestro mundo. Surquemos sus olas... escribamos mil historias... con la reflexión como viento y la razón como mapa.
Dedicado a la persona que comienza conmigo este bonito proyecto.
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